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Tradicionalmente, la mujer ha sido criada para llevar a cabo las funciones familiares asociadas al cuidado de los hijos, su crianza y las labores del hogar; La justificación es que “así debe ser”, en parte porque la mujer biológicamente es la que posee los órganos para la reproducción y quien durante 9 meses tiene en su ser al bebé, el que después de nacer, la necesita para poder alcanzar su pleno desarrollo.

La protección, alimentación y cariño durante muchos años, se adjudica y asigna principalmente a la mujer.

 

Por su parte, los avances tecnológicos han traído beneficios que han mejorado la calidad de vida de las personas. Esto aplica también a las labores del hogar, ya que ahora se cuenta con electrodomésticos que permiten a la mujer disponer más de su tiempo.

Con la llegada de los anticonceptivos orales, la mujer adquiere por vez primera el control de su fecundidad, con lo que el número de hijos disminuye desde 1970, de 5 a 3. Del tiempo disponible, muchas mujeres estudian o se incorporan a la fuerza laboral adquiriendo el estatus social de “adultos independientes”.

La independencia plena incluye dos características:

1. La capacidad de tomar sus propias decisiones (independencia emocional)

2. La independencia económica

La mujer, actualmente, tiene el control de su fecundidad, una mejor educación, mejor capacitación para trabajar en actividades productivas fuera de su hogar, mejores ingresos económicos y, quizá, la mejor calidad de vida de la historia, lo que aún no logra alcanzar es el equilibrio entre sus diferentes
roles.

Para la mayoría de las mujeres, los roles son:
1. Mujer-persona.
2. Esposa.
3. Madre.
4. Ama de casa.
5. Trabajadora fuera del hogar.

Esto sin contar los roles de hija, hermana y amiga.

La independencia económica ya existe, es difícil que se pierda, debido entre otras cosas a la cada vez mejor educación de la mujer; sin embargo, la independencia emocional es mucho más difícil de alcanzar, ya que los hábitos y costumbres aprendidos por las personas a lo largo de decenas de años se incorporan a las mismas de forma que se vuelven parte de ellas.

El cambio alcanzado hasta hoy es benéfico para todos, mujeres y hombres y necesita de todos, mujeres y hombres para hacerlo crecer y que perdure, la pregunta es ¿cómo? Antes de ofrecer sugerencias, mencionaré algunos factores que pueden dificultarle a las mujeres alcanzar el equilibrio de sus roles.

Conceptos de valor en la sociedad, que dificultan a las mujeres alcanzar el equilibrio en sus roles, como:

La mujer es reponsable de:
1. Cuidar y criar a los hijos.
2. Cuidar a las personas enfermas o a los padres viejos.
3. Las labores de la casa.
4. El afecto en la familia.

La contraparte sería:
1. El hombre es responsable de proveer los recursos económicos a la familia, sin más responsabilidades.

Modificar un concepto de valor y trascender a uno diferente es un camino difícil, que necesita persistencia y una participación mayoritaria del grupo social. Es probable que algunos cambios aparezcan pronto y quizá permanezcan, pero los mejores cambios son a largo plazo.

Algunas sugerencias:

1. Hablar con la pareja para compartir proyectos de vida y comprometerse con apoyo y solidaridad para lograrlos.

2. Negociar con la pareja para compartir las tareas de la casa (actividades mínimas son de gran ayuda).

3. Acordar con la pareja actividades en el cuidado de los hijos.

4. Acordar con la pareja las responsabilidades de cada uno de los integrantes de la familia, incluidos los padres, por ejemplo, hacer su cama, limpiar su cuarto cada tercer día, levantar sus platos y accesorios de la mesa, sacar la basura, lavar el carro, etc.

5. Hermanos y hermanas son iguales, cada uno debe aprender actividades de auto-cuidado.

6. Enseñar a que se apoyen, pero ninguno es responsable de cuidar al otro.

7. Cuando alguno no pueda cubrir sus funciones, otro podrá hacerlo; pero debe haber reciprocidad.

8. Debe haber consecuencias si alguna actividad no se lleva a cabo, sin excepción.

9. Siempre que surja una discusión, recuerde que los padres son quienes tienen la autoridad y son ellos quienes deben acordar lo pertinente.

La educación con el ejemplo es la más efectiva: el respeto, la aceptación de las diferencias, la igualdad y el cariño deben ponerse en práctica todos los días de la vida en familia; quizá, entonces, podremos ver un mundo con mujeres y hombres juntos e integrados.

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