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En la última década, se han incrementado los casos diagnosticados como Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Este padecimiento se define como un síndrome conductual de origen neurobiológico y genético. Se presenta del 5 al 10% en la población de niños y adolescentes, pero puede prevalecer en la edad adulta.

 

Los síntomas principales del TDAH son: falta de atención, hiperactividad e impulsividad. Este trastorno se encuentra asociado, en muchos casos, con la deficiencia de dopamina (neurotransmisor del sistema nervioso central) y, por tal razón, algunos pacientes requieren de medicamentos. Sin embargo, también puede encontrarse asociado a alergias a determinados alimentos y conservadores químicos.

Las primeras observaciones sobre la relación entre el TDAH y los alimentos se hicieron en la década de los 70’s, con los estudios del Dr. Feingold, quien observó buena respuesta en el 50% de los niños a quienes se les eliminaban de su dieta los alimentos ricos en salicilatos,* colorantes artificiales, potencializadores del sabor y conservadores sintéticos.

*Alimentos ricos en salicilatos: manzana, almendra, tomate, trigo, soya, lácteos, huevos, frutos cítricos, fresas y otros frutos.

Conservadores sintéticos y otros aditivos químicos, como:

BHA: antioxidante que da estabilidad a los productos de repostería y sopas deshidratadas, goma de mascar y frituras.
BHT y TBHQ: se agrega a algunos cereales de caja crujientes.
MSG (glutamato monosódico): potencializador de sabor que se agrega a consomés concentrados, sopas y salsas.

Ácido fosfórico: se encuentra en los refrescos embotellados.
Nitritos y nitratos: se utilizan para la preservación de carne
(incluso embutidos) y pescado, algunas veces en vegetales no orgánicos.
Colorantes artificiales: principalmente rojos y amarillos, como tartacina,
rojos cochinilla y allura.
Saborizante: Vainillín (Saborizante artificial de vainilla).
Aspartame: sustituto de azúcar y bebidas endulzadas con este producto.

Alimentos permitidos en la dieta:
Leche de arroz, papa, verduras, palomitas de maíz, arroz y repostería hecha con harina de arroz, tapioca o mandioca, amaranto, lenteja, frijol, carnes rojas y blancas.

En el 2006, en la Revista The Proceedings of the Nutrition and Society*, se publicó un exhaustivo análisis sobre los colorantes y saborizantes artificiales en la dieta de los niños, concluyendo que éstos parecían tener mayor efecto en la exacerbación de la conducta de niños hiperactivos que en aquellos de conducta normal. En los niños cuyos antecedentes genéticos estaban relacionados con la deficiencia de dopamina, efectivamente podían moderar sus conductas cuando los aditivos eran evitados.

Sobre el azúcar, en la práctica, es observable que el niño que consume mayor cantidad de azúcar recomendada muestra comportamientos relacionados con hiperactividad debido al exceso de energía producido; pero la investigación científica hasta el momento no ha reportado una fuerte asociación entre ambos factores.

Sobre vitaminas y minerales, se ha encontrado que la suplementación con vitaminas C, E y complejo B pueden ser adecuados para apoyar el tratamiento de la persona con TDAH. Por otra parte, las reservas de magnesio se han encontrado deficientes en algunos grupos de niños hiperactivos y, en este sentido, es recomendable una suplementación de 200 mg diarios.

Con respecto a los omega 3 y 6, las investigaciones concluyen que, aunque el tratamiento con estos sustratos es adecuado para niños con problemas neurobiológicos, resultan más efectivos en los problemas de aprendizaje (como es el caso del déficit de atención); mas no necesariamente de conducta.

El apego a la dieta de restricción de algunos alimentos y productos químicos puede tener efectos positivos en un gran número de los casos con TDAH; sin embargo, los avances en el tema de alergias indican que una persona puede ser alérgica o, por lo menos, intolerante a muchos productos, mientras que otra con la misma sintomatología, es, en cambio, alérgica a unos pocos y algunos de ellos no son alimentarios, sino ambientales.

Es recomendable considerar el peso del niño antes de comenzar un plan de alimentación, y verificar que éste no sea demasiado restrictivo, ya que esto pudiera afectar su crecimiento y desarrollo, así como su sistema inmunológico. Por otra parte, la utilización de suplementos de vitaminas y minerales resulta adecuada en la mayoría de los casos; sin embargo, es recomendable que sea supervisado por su médico o nutriólogo.

Si la dieta es vista como un elemento viable en el tratamiento de la persona con TDAH, es necesario saber que aquellos alimentos difíciles de eliminar pueden ser sustituidos por otros existentes en el mercado. Como es el caso de la pasta de trigo que puede cambiarse por pasta de arroz o maíz. (en caso de que el paciente no presente intolerancia o alergia); o bien, para cambiar el consomé concentrado de pollo, puede utilizar aquellos que venden en tiendas naturistas y cuya leyenda dice: “Libre de glutamato o GMS”. También, muchos de los alimentos a los que los pacientes presentan reacciones leves pueden rotarse en la dieta un par de veces por semana para evitar causar daño.

Por último, sobre la dieta, conviene esperar por lo menos 6 meses para decidir si es efectiva o no en cada caso, ya que, en varias ocasiones, los efectos positivos no se aprecian a corto plazo.

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